lunes, septiembre 10, 2007

Introito | Eolo Solano

Descubre los sonidos que esconde la palabra
en los sones del alba, la leyenda y el mito.
No desoigas la fuente del misterio del canto
del altivo carrao en su búsqueda agreste.
Escucha sus ideas al compás de lo incierto
y en las galas del viento que descansen sinceras.
Debes entrar al bosque de tu propia armonía
con el alma encendida sin prejuicio a las voces
del pasado florido, del pasado glorioso
que aún fulge en los ojos de los poetas líricos.
Que en la selva tupida, de verde coronada,
se escuchan las campanas de la luz ambarina.

Mi tierra | Hilda Núñez

Mi tierra yo no la vendo
ni por todo el oro del mundo,
porque fue para mi vida
un patrimonio profundo.

Las plantas que yo sembré
con mis manos y mi esfuerzo
son un halo de mi vida
que con tanto amor yo siento.

El almíbar de sus mangos,
el jugo de sus ciruelos,
no se pueden comparar,
ni arrebatar de tus suelos.

Mi fuego de juventud
que en ella deposité
ya sé que no volverá,
pero en ella lo dejé.

Ojalá que quien las tome
sepa darles el valor
que sé que se lo merecen
con ahínco y con amor.

La última vaquería | Hilda Núñez

I
Un llanero se despide
de su sabana querida,
porque tu fuiste, Trujillo,
algo especial en mi vida.

II

Tu última vaquería
ha desgraciado mi vida
al ver cómo tu pureza
fue tan vilmente invadida.

III

Tu gran reserva de fauna
es cosa casi perdida,
si Jesús Blanca viviera
andaría penando en vida
al ver como mutilaron
su querencia más querida.

IV

Ya el toro no cabildea,
ni el atajo se arrochela,
hasta el mugir de las vacas
detrás de la talanquera
pareciera presagiar, Trujillo,
la soledad que te espera.


El Soldito

Alma del silencio | Irma Pimentel Coraspe

I

Alma en busca del silencio,
Por esos caminos del por qué

II

Caminos de claros horizontes
Caminos de oscuridad y de aridez

III

Senderos con pasos tan solemnes
Que al caminarlos a desnivel
Cae sorprendida
En abismos de dolor

IV

Ansiosa y confundida
Húmeda de incertidumbres
Desgarra su voz
Corta al sonido
Para ir… tras de Él.

VI

El: Himno de presencia
Profundidad y más
Que la anima a vivir
Sus días y sus noches

VII

Ella: Aprendiz de la existencia
Alma cautiva
De la razón de sus por qué

¡Alma del Silencio!

Hoy | Enrico Espino

A Laura Frías,
poetisa y amiga


Hoy, que llueven silencios sobre el alma,
agradezco tus versos, compañera.
Si bastase la luna y mi guitarra
para sentirte cerca,
si bastase la música y el tiempo,
los cuentos infantiles y el poema,
si bastasen los golpes del tambor
y bastase la letra
del alma que el silencio apasionado
al silencio vacío le opusiera,
si bastasen las liras furibundas
si bastase una hoguera,
para lograr que caiga nuestra luna,
aun rota de ilusiones y tristezas,
zurciría la música y el tiempo
al filo de un poema
los cuentos infantiles en el alma
y las liras rabiosas, encrespadas
palpitantes, coléricas,
para decir al mundo enrarecido
que existe la palabra en nuestra América,
que no nos callen nunca, hermana mía,
caiga la luna nuestra.

Porque hoy llueven silencios sobre el alma
agradezco tus versos, compañera.
Si bastase la luna y mi guitarra
para sentirte cerca.

domingo, abril 01, 2007

Acicalada | Liliana Fasciani M.

Hoy me traté con cariño.

Pocas veces el tiempo se deja detener por un buen rato y me libera del yugo de las horas.

Hoy el agua de la regadera cayó sobre mi cuerpo como un salto Angel de dos metros hasta que se me arrugaron las yemas de los dedos como si hubiese estado construyendo soluciones con arcilla de gres.

Me enjaboné con la parsimonia de quien no tiene nada más que hacer en la vida que contemplar el mundo al borde de un colapso emocional por sus carencias.

Lavé mi cabello como si fuese del largo de la muralla china y surgieron de mi cuero cabelludo voluntarios que atraviesan abruptos bombardeos en misiones de paz.

Arreglé mis uñas con minucioso esmero asumiendo que con ellas podría arar en la espalda de mi amado una decena de surcos donde sembrar placer.

Unté con crema mi cuerpo a ojos cerrados percibiendo el aroma de las plantaciones de café y el quejido de los árboles fracturados bajo las pisadas de quienes huyen de las inundaciones tropicales.

Rocié en mi cuello, en las coyunturas de mis brazos, tras mis orejas y en las palmas de mis manos un perfume de diamantes blancos y la habitación se llenó del nauseabundo olor del agua putrefacta de los charcos donde se ahoga la esperanza.

Me miré en el espejo y vi una lágrima que venía corriendo desde la cárcel y escuché un grito disparado con un fusil en la frontera y la sonrisa de un niño mutilado quebró el rayo de luz que me alumbraba.

Me traté con cariño esta tarde decidida a quererme un poco más para no morir desarreglada durante la semana.

domingo, marzo 25, 2007

Suicida en Calabozo | Marcos Carrillo P.


Un hombre deprimido decidió suicidarse.
Vivía en Calabozo, pueblo de hermosas hadas,
muy plano y extendido, sin torres escarpadas,
ni siquiera un viaducto o un puente en qué lanzarse.

Malvada geografía, terrible arquitectura,
aumentaron la angustia del suicida en cuestión,
quien muy desesperado colgóse de un mamón,
pero la endeble rama se cayó por fractura.

Aun más decidido, buscó un lugar más alto,
pero sólo encontró una mata de mango
muy cerquita del barro, muy lejos del asfalto.

Con augusta ansiedad saltó presto al vacío,
mas sólo se ensució, pues se cayó en el fango,
se levantó furioso, se fue y no dijo pío.